Muchas cosas en nuestro mundo tienen nombres. Algunos son muy raros:
algún animal exótico recién descubierto, algún nombre indígena de un sitio o la
combinación de dos nombres para darle el nombre a un bebé (el más grave y
horrible de todos, sobre todo para el niño o niña que tienen que cargar con la
pesada cruz de la corta imaginación de sus padres). Lo único cierto es que en
cuánto aparecen y nadie los ha visto, se le coloca un nombre y es
responsabilidad de la gente aprenderlo. Una jirafa podría haber sido llamada de
otro modo, quizás madona y así todos la reconoceríamos con ese nombre. Aunque
no tendría nada relacionado con la diva del pop.
Creo que debería haber un diccionario donde se expliquen los
sentimientos, los malestares que causan y como interpretar las sensaciones del
cuerpo. Ayer sentí algo, un sentimiento en el pecho que no pude nombrar, un
sentimiento que hoy es fácil traer de vuelta, pero cuyo nombre no tengo. Ni
tampoco una respuesta de mi cuerpo a ese sentimiento, sólo sé que lo sentí. Una
incomodidad en el pecho, un sentimiento de que el aire que respiraba no era
suficiente.
Quizás si explico las circunstancias en las que lo sentí, ustedes
podrían ayudarme a definir que fue lo que me dio esa incomodidad en el pecho.
Ayer pasé todo el día con alguien y sentí que podía hablar de lo que fuese y él sólo
escucharía, fue algo que no sentía hace mucho tiempo. Hace dos semanas decidí
ir a reuniones de psicoterapia porque mi corazón hizo “crack” al descubrir que
por alguna circunstancia me había desviado de lo que pensaba y planeaba y había
hecho cosas que me llevaban a un camino muy diferente de la felicidad que me
había planteado desde hace mucho y deseaba alcanzar. La confusión tomó mi
cabeza y dejo a mi cuerpo como un pedazo de piel, tejidos blandos y ningún
hueso, como todo lo que yo era. Por un momento, mi alma se sintió en total
desolación y el miedo a lo que sería y lo que podría ser se apoderó de todos
mis pensamientos.
Esa sensación podría ser el comienzo de una amistad o la creación de una
necesidad. Quizás, fue el descubrir de una necesidad insatisfecha. Quizás fue
similar a un comercial de “As seen on TV”, donde te muestran algún producto que
cubrirá una necesidad que no has tenido, pero desarrollaras a partir del
comercial. Quizás he estado esperando por mucho tiempo, está mal, esperar por
tanto tiempo y contemplar los toros desde la barrera sin atreverse siquiera a
vestirse para San Fermín. Me estoy vistiendo poco a poco y estoy listo para
empezar a correr, escucho a los toros resoplar detrás de mí, escucho a la
multitud que grita y me da ánimos. Mi corazón late cada vez más fuerte, no sé
si me alcanzaran, pero no es una de mis dudas actualmente. Decidí correr como
lo hacen todos y dejar atrás la cómoda oficina en la cuál trabajaba y veía las
fotos y los encabezados en internet. Ahora estoy aquí y es el momento de
empezar a correr.
Algunos lo vienen haciendo hace mucho tiempo. Para ellos no es su
primera vez, ya han venido aquí desde que tienen memoria. Eso a mí no me
importa, pues cuando el toro nos vea estaremos en igualdad de condiciones, el
toro no distingue la experiencia de aquellos que deciden correr delante de el
mientras el sigue los gritos. Estoy consciente que la diferencia radica en mí,
que no sabré en que sitios del camino deberé correr más rápido o que distancia
prudente debo mantenerme lejos de las barreras, pero si no me arriesgo a
correr, jamás lo sabré. Si no me arriesgo, viviré lamentando no haberlo intentado.
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