Recuerdos
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Tres años y medio después de entrar a la Universidad uno piensa que tiene una idea de las personas con la que está trabajando y estudiando. Es por eso que quiero dedicarles a todos mis compañeros y amigos está historia donde van a encontrarse tal y cómo yo los veo, pero sin sus verdaderos nombres con el objeto de que ustedes mismos se identifiquen o los demás lo hagan. Espero que sea de su agrado y por favor no me pregunten quién son en la historia, pues esa es la manera en que yo los percibo, así que puede diferir de quién usted se considere. ¡Feliz día del amor y la amistad!
Hace mucho tiempo que no escribo. Me he dedicado a ser triste y miserable. El porqué he cambiado todavía no lo tengo claro. Pero, yo solía ser más alegre, solía ser juguetón. A mí solía no importarme lo que la gente dijera, prefería seguir mirando adelante. Ahora espero, miro hacía tras varias veces, me detengo, llamo. No sé qué es lo que está pasando. Será que el futuro que me espera es más grande de lo que imagino y que el detenerme es sólo una tontería.
Pues sí, hay veces que hay que hacer las cosas rápido y sin pensarlo mucho, sin darle tanta vuelta. Incontables son las veces que ha sucedido en mi vida y apuesto que en la de muchos que el detenerse a pensar algo nos ha hecho perder la oportunidad que teníamos y que brillaba ante nuestros ojos sin darnos cuenta.
Cuenta una anécdota que había una mujer que necesitaba ir al trabajo y desesperadamente antes de salir buscaba sus gafas, sin ellas no podía leer los documentos importantes que llegaban a su oficina y que debía firmar. Llamó a su mamá que vivía con ella en la casa y a la empleada para que la ayudaran a buscar y juntas estuvieron poniendo la casa patas para arriba. Después de quince minutos de búsqueda infructuosa, la empleada, ya cansada y necesitando volver a sus obligaciones, se dirigió a la Señora a decirle que tenía que preparar el almuerzo y no podía seguir ayudándola. Cuando la empleada la miro a la cara vio, se sorprendió y empezó a reírse. Todo fue al darse cuenta que la Señora de la casa tenía las gafas puestas.
Así como la Señora, muchas personas tienen lo que buscan en frente sus narices y no se dan cuenta. Pues eso mismo me pasó a mí. Tenía lo que buscaba al lado mío todo el tiempo y no me di por enterado. Esta es la historia:
Todo comenzó un día del mes de Marzo, estábamos empezando los primeros parciales en la Universidad y todos nos sentíamos confundidos porque en realidad no sabíamos que era lo que cada uno de los profesores quería evaluar. Esa mañana llegué temprano a la Universidad a estudiar para uno de esos tantos previos que no vale la pena recordar de qué materia era. Llegué tan temprano que el Centro de Estudios de Ingeniería de Petróleos estaba cerrado. El Centro de Estudios es una especie de Biblioteca-tertuliadero-casa. Es un sitio donde uno puede estudiar al mismo tiempo que escucha los comentarios hirientes y malintencionados de los amigos y se burla de otros. El centro de estudios se encuentra administrado por la Asociación Centro de Estudios de Ingeniería de Petróleos. Actualmente soy miembro de la Junta directiva, pero en realidad no significa nada.
En la entrada se encontraban ya varias personas esperando para entregar los libros que había llevado a su casa por el fin de semana. Me encontré con alguien que estaba ya haciendo cola hacia quince minutos en la puerta para entregar uno de los libros que había sacado sin que nadie supiera, para luego demostrar superioridad en las clases. La verdad es que pues en realidad a nadie le importa. Él es todo un mundo en sí mismo y lo que haga o deje de hacer a pocos le importa. Sin embargo, los logros que alcanza son realmente sólo suyos, no le apetece trabajar en grupo pues siempre se siente un paso adelante. Juan, como le voy a decir ha sido desde siempre una persona enigmática y transparentemente turbia. Su saludo parece ser sincero, así que lo devuelvo con el mismo entusiasmo. Siempre me pregunta si ya hice algo de un trabajo que está lejos de ser entregado y del que de seguro nadie ni siquiera se acordaba. Creo que en realidad nadie se acordaría hasta el día anterior, así que normalmente le hago un gesto negativo con la cabeza, me quedo callado y cambio el tema de conversación.
Durante el día, el Centro de Estudios es de Claudia, la secretaria. Ella decide que se hace y que no, y aunque pequeña en estatura se hace escuchar como un pequeño claxon cada vez que el sonido de las voces aumenta tanto que no puede oír sus propios pensamientos. Ese día, Claudia llegó quince minutos tarde esa mañana, así que la mayoría de las personas querían matarla. Sin embargo, entro rápidamente y atendió a todo el personal y puso la biblioteca en servicio en menos de tres minutos.
Entre y me ubique en una mesa, saque los libros de mi bolso y me puse a revisar los buenos apuntes que tengo de cada materia. Normalmente tomo unos de los mejores apuntes de la clase, pero nunca los reviso. Prefiero estudiar de libros y de las diapositivas que los profesores presentan en clases. Más tarde en la mañana llegó Virginia, se encontraba desesperada porque no había logrado entender nada de lo que habíamos estudiado, así que me presionaba para que le explicará con pelos y señales todo lo que vimos en clase durante las últimas tres semanas. Su ritmo es asfixiante y siempre hace cada pregunta que se le ocurre. Para calmarla le dije que leyera mis apuntes, que aquello que no entendiera podía preguntármelo mientras yo realizaba mis ejercicios.
Virginia ha cambiado mucho desde el primer semestre, sin embargo, su actitud frente a la manera de aprender seguía siendo esencialmente la misma. Pude lograr explicarle todo gracias a la ayuda de Silvana que llegó con un resumen que ella misma había elaborado y que era un poco más largo que mis apuntes, pero donde explicaba todo claramente. Ella misma, decidió explicarnos a ambos con peculiar voluntad todo el tema. Virginia y yo accedimos y observamos cómo se arregló el mechón que caía sobre su ojo y nos dijo cada detalle que podía ser de importancia. Silvana recibió a todos los que querían aprender del tema ese día sin importar que tan atrasado estaba.
La mayoría de las personas que no conoce a Silvana la odia. Si es algo en su personalidad, no lo sé. Solo sé que posee un grupo cerrado de amigos y que no le gusta compartirnos. Silvana tiene la particularidad de reírse solamente de los chistes más malos que decimos, eso según Humberto. El cree tener la autoridad para decidir que comentario es digno de ser chistoso o no. Nadie nunca ha dicho lo contrario así que por ahora él manda sobre ese aspecto. Por ahí dicen que “El valiente vive hasta que el cobarde quiere”.
La vida de Humberto no era un secreto para nadie. Aunque intentaba esconder muchas de las sosas que ocurrían en su vida. Podía decir que hizo en ese día desde temprano en la mañana. De seguro Humberto se levantó temprano para ir a la Universidad, antes de entrar al baño se quedó observando a través de la ventana del apartamento que compartía con un desconocido, un familiar. Desde ahí pudo observar el descenso de la neblina desde las montañas y como un grupo de laboriosos recicladores examinaban cuidadosamente las bolsas que se encontraban al frente de su edificio. Pudo identificar la que él mismo había colocado el día anterior y como se podía observar un resumen de su vida en el contenido de la bolsa. Se apresuró a entrar al baño y colocó su cabeza rápidamente bajo el agua helada para no arrepentirse después. La mayoría del tiempo Humberto puede llegar a ser indescifrable. Muchas veces no sé si cuando me afirma algo estaba hablando en broma o tajantemente en serio, casi siempre me pierdo en la confusión.
A las 11 de la mañana llego Armando, como siempre tarde. Silvana lo había citado a las 9 de la mañana. Ella se estaba desesperando y dijo que cuando él llegara la iba a oír, que esto no podía seguir pasando, que nunca más iba a hacer trabajos con él, etc., etc., etc. Sin embargo, al llegar Armando se presentó con una gran sonrisa blanca en su rostro. Una sonrisa que decía sin más, que sentía llegar tarde. Él sabía que después de eso estaba perdonado.
La sonrisa de Armando, cuando es sincera, realmente puede borrar cualquier preocupación de tu mente. Él es en realidad es una persona muy transparente, de hecho, es la persona más tranparente que conozco. Con todo, cuando su risa es nerviosa, puede hacer que tus miedos se acrecienten y que la poca seguridad que tienes se vaya a la mierda. Bueno, eso no es cierto para todos, pero para mí lo es.
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